Gárgolas insomnes

Junio 30 de 2006

«Mô», la canción que abre y titula el nuevo disco de Joan Manuel Serrat, es un homenaje a Maó, capital de Menorca, en el archipiélago de Baleares, España. Se trata de una declaración de amor al paradisíaco enclave del Mediterráneo que, desde 1982, forma parte de la vida del cantautor y, durante 24 años, ha influido en su obra.

«Mô», la palabra, la sílaba, es una trascripción de la forma en que los pobladores de la isla, especialmente los viejos pescadores, pronuncian en su catalán -un idioma fonético- el nombre de esta ciudad, también llamada Mahón, debido al general cartaginés Magone. Si la dice uno rápido, la palabra significa «amor».

En 1982, la esposa de Serrat, Candela, padecía de hepatitis y los médicos le recomendaron descanso, así que alquilaron una casa en Ciutadella de Menorca. El noi del Poble Sec había visitado la isla para participar en varios conciertos, pero ese año llegó cargando un enorme televisor para ver el mundial de fútbol, y se cruzó con alguien que llevaba una oveja inmensa, elegantemente adornada con lazos, y se cruzó con caballos bastante arreglados, y supo que la población celebraba sus Festes de Sant Joan. "Fue una entrada muy fuerte, inesperada", cuenta el propio Serrat. Y fue entonces "cuando vi lo que me ofrecía [el lugar], cuando pude valorar su grandeza».

Joan Manuel y Candela alquilaron de nuevo una casa de campo, ahora en Sant Ignasi, donde pasarían sus primeros años menorquíes, con algunas temporadas en Mercadal, por el centro de la isla, hasta que en 1987 -"el año en que nació mi hija Candela", recuerda el cantautor- se trasladaron al otro lado de Maó, a S'altre banda, como llaman los lugareños a la zona, en donde Serrat y su familia tienen ahora una casita propia.

Menorca fue un refugio reparador de la enfermedad, como antes lo había sido de su esposa, también para Serrat, que se repuso de la intervención quirúrgica por un cáncer en la vejiga hace dos años, descansando en la casita de Maó.

«Mô», la principal canción de su nuevo disco, es una balada y un poema que, traducido al castellano, pierde la mayoría de sus rimas, pero no la cadencia ni la belleza impresionista de sus metáforas. El piano de Ricard Miralles arropa con suavidad esta pulida pieza que habla del puerto y la ciudad, de marineros y sirenas, barcos y vientos, caminos y calles. El sabor mediterráneo impregna la obra poética y musical de Serrat, y «Mô» no es la excepción. Al ritmo del vaivén de las olas en la playa, frente a la mar en calma, la vena lírica del compositor barcelonés describe sutilmente las estaciones en el paisaje menorquín.

(Continuará...)

[] Iván Rincón 10:07 PM

Junio 26 de 2006

Desde Material sensible (1989) hasta Serrat Mô (2006), Joan Manuel Serrat no había grabado un disco de canciones propias en su lengua materna, aunque dio un paso intermedio en 1996, con Banda sonora d´un temps d´un país 1962-1975, álbum doble con 34 piezas representativas de la nova cançó catalana.

La historia continúa, 17 años después. Material sensible contiene una canción llamada «Malson per entregues» (Pesadilla por entregas) -en la que interviene brevemente Ana Belén- y Serrat Mô incluye una pieza titulada «Capgròs» (Cabezón), cuyo subtítulo es «Pesadilla por entregas (2ª parte). A la memoria de mi amigo Josep Maria Bardagí», coautor de la letra en la primera parte. La segunda comienza con el final de la primera, que son unos coros cantados por dos niños, Jofre, el hijo de Bardagí, y Maria, la hija mayor de Serrat, hoy veinteañeros. Los coros cantan "continuará" en Material sensible -"profética ocurrencia", dice ahora Serrat- y "continuación" en Serrat Mô.

El argumento de la canción anterior está basado en un cuento surrealista del propio Bardagí, sobre las recurrentes pesadillas de un personaje que, al despertar, las vive realmente. En resumen, la segunda parte cuenta que Serrat y Bardagí huyeron en un bote con la mujer del personaje y éste amagó a Serrat con un cuchillo en el cuello 17 años después y, para cambiar el final del cuento, se alojó en su casa, donde ahora es un fantasma que atraviesa las paredes y lo espanta. "Si él ha podido volver -le canta Serrat a Bardagí-, ¿por qué no tú?"

La letra es bastante sórdida, pero también muy emotiva. Aun así, para «Capgròs» se aplica eso de que nunca una segunda parte será mejor que la primera, ni tan buena. La música tiene melodía de balada y un melancólico arreglo interpretado por Ricard Miralles al piano, como siempre, y Pere Bardagí en colaboración especial, con un duelo de violín que llora la muerte de su hermano.

Josep Maria Bardagí acompañó a Serrat como guitarrista durante décadas. En Material sensible fue el director artístico y arreglista, como antes lo había sido en Res no es mesquí (1977), además de tocar varios instrumentos -hasta cuatro en una misma canción- y programar las máquinas.

Para la presentación de Material sensible en 1989, Fabià Puigserver diseñó una escenografía presidida por una pantalla blanca en forma de pájaro minimalista, sobre la cual se proyectaron imágenes como historieta que ayudaban a entender el esquizofrénico argumento de «Malson per entregues».

Al presentar Serrat Mô en una gira local que inició el 27 de abril y concluirá el 30 de junio, Serrat interpretó de nuevo esa canción con las imágenes de aquel entonces y la enlazó con «Capgròs», su añoranza fúnebre del amigo muerto por un paro cardíaco en febrero de 2001 a los cincuenta años.

(Continuará...)

[] Iván Rincón 7:56 PM

Junio 19 de 2006

Aunque Hilda Saray estaba al micrófono, tuve que apagar el radio para concentrarme en un tedioso asunto de índole jurídica y, al verme libre de nuevo, escribí un mensaje para la mejor locutora de Radio Educación, a propósito, entre otras cosas, del blog que abrió por fin. Mientras le escribía, ella hacía un comentario al aire con respecto al autor, como introducción a la lectura de un texto publicado aquí, pero yo no lo sabía porque el radio continuaba apagado. Cuando terminé de escribir el mensaje prendí el aparato y alcancé a escuchar el último párrafo de mi texto en voz de la encantadora de serpientes. Ni hablar. Quiero agradecer públicamente el comentario (cualquiera que haya sido, porque la honestidad inspira confianza) y la bella lectura. Gracias. Y bienvenida Hilda Saray a la blogósfera. Alteridades, se llama su blog, que ya crecerá en todos los sentidos, como suele ocurrir con la mayoría de los niños.

[] Iván Rincón 2:24 AM

Aprovecho para agradecer también a La Voladora Radio por la distinción. "Palabras de alto nivel adrenalítico", refiere la radio libre de Amecameca en su sitio web a este blog, y lo hace además en una sección de enlaces con "los sitios más inteligentes de la red". Carajo. ¿Quién hubiera pensado que un estúpido blog fuera objeto de semejantes referencias? Ahora entiendo por qué se llama La Voladora esa estación de radio comunitaria.

[] Iván Rincón 2:47 AM

Junio 17 de 2006

Las brujas hacían desnudas su aquelarre a la luz de la luna en el antiguo cementerio de los monjes ciegos, y Darvulia las miraba desde la oscuridad, entre los árboles del bosque, excitada por ese misterioso rito y, sobre todo, por la voluptuosidad de su danza macabra. "Aradia", gemía una muchacha que, en los próximos minutos, cumpliría quince años de edad, mientras las brujas sacrificaban a un hombre que lloraba y gritaba en el más sanguinario de los espectáculos.

Era una noche cálida y el paso de las nubes hacía variar la intensidad del plenilunio y su efecto narcótico. "Aradia", gemía una y otra vez la muchacha con la vista puesta en el cielo para no ver la sangre que muchas manos suaves embadurnaban en su cuerpo. Un coro de voces acompañaban lascivas el bacanal cuando los gritos del hombre perdían fuerza y se reducían al llanto.

Al amparo de las sombras, Darvulia compartía el placer dionisiaco de las brujas y, acariciando el filo de una daga, ejercitaba sádicamente su poder telepático. "No mueras todavía", ordenaba, "sigue sufriendo". Cuando la sangre dejó de manar por las heridas, el hombre seguía respirando, sus ojos estaban en blanco y su queja se confundía con el silvido del viento, el rumor de las hojas muertas y el eco de las tumbas vacías.

Entonces el espejo de cuerpo entero que adherí a la pared del cuarto hace cuatro meses cayó al piso y quedó hecho pedazos. El estrépito me despertó alterado y el grito de una vecina terminó de volverme y devolverme a la realidad. "Puta madre", dije, y volví a dormirme. No recuerdo qué soñé después, pero nada tenía que ver con brujas ni aquelarres.

[] Iván Rincón 11:21 PM

Junio 14 de 2006

También el texto que escribió para Tierra Adentro en "días de radio" se refiere al líquido amniótico, recordé contemplando algunos cuadros y dibujos de Emilio Ebergenyi, cuando una racha de viento atravesó el pasillo de Radio Educación. Estremecido, recordé entonces la broma que hizo Hilda Saray al dar la primicia de esta exposición. "Va venir a jalarnos las patas el Emilio". Y la voz inconfundible del locutor venido a pintor sonó en mi oído. "Eras mejor dibujante que escritor". Observé discretamente a la gente que, indiferente al fantasma del artista, admiraba esta muestra de su obra. "¿Por qué lo dejaste?" Luego de mirar hacia todos lados, entendí que esa voz no sonaba en mi oído, sino en mi imaginación. "Que hayas dejado el periodismo y el activismo político es comprensible, pero el dibujo, tu vocación... ¿por qué?" No supe qué responder y la pregunta se quedó en el aire, como hálito de reencuentro imaginario, ligero como el viento, flotando en el pasillo. Así que recordé otra broma de Hilda Saray. En la despedida de Emilio, cuando llegó el momento de partir con sus cenizas rumbo al mar, ella las levantó dentro de su caja y dijo: "Nunca pensé que yo pudiera cargar a Emilio, ¡y con una mano!"

Emilio Ebergenyi era locutor, actor, escritor, artista plástico...
y estaba enamorado de Hilda Saray, cuyo sentido del humor es igual de simple, como si la frescura de la brisa y su ligereza, la espontaneidad de la risa y su naturalidad, la alegría del chispazo y su jovialidad, fueran identitarios y, al sumarse, resultaran una multiplicación. Contemplarse en un espejo, es el nombre de la exposición. Quizás por eso uno dialoga con el autor al conocer su obra y, en la medida que puede identificarse con ella, escucha una voz que no espera respuesta.

Omnífagos, llama Emilio a los "caracoles lentos" en el texto que presenta esta muestra del trabajo realizado en 2005, su último año de vida, con el pincel generalmente, prólogo que se refiere también al líquido amniótico. Yo pienso más bien en cocodrilos con dicha palabra, y recuerdo la grotesca imagen de una bestia de esas engullendo un beliz lleno de diversidad orgánica... aunque, en sentido metafórico, también la sensibilidad humana
es omnífaga, claro.

Nunca me había preguntado por qué dejé el dibujo. Supongo que la inconformidad de algunos con lo que somos al perder contacto con el líquido amniótico nos lleva a mutilar nuestra personalidad. Unos se escamotean la nariz con cirugía plástica; otros renunciamos a la vocación heredada. En fin. Quizás algún día vuelva a dibujar. Por lo pronto, iré realmente a contemplar el espejo que Radio Educación expone a la vista y el delirio de cualquiera.

[] Iván Rincón 11:55 PM

PD. El texto dedicado a Hilda Saray más abajo ha sufrido cambios que hacen de mis efusiones algo presentable. También el que alude a dos periodistas sin nombre y un filósofo fue modificado. Verán ustedes que, una vez peinados y acicalados (corregidos y aumentados), ambos textos siguen siendo una mamada...
faltaba más.

[] Iván Rincón 17/06/06

Junio 9 de 2006

El personaje tocaba el piano sabiéndose "tocado" (el personaje, no el piano) por la espontánea inspiración de quien se sabe, además, mirado y admirado por una muchacha intensa con la mitad de su edad y más bella de lo que se merece (él, no la muchacha), y esperado por la enésima botella de vino de las últimas diez noches en una mesa con mucho queso y pan. La lluvia era, para protagomismo de ambos, así como del piano y su efecto, del fuego en el hogar y el olor a antigüedad recién comprada, romanticismo de literatura rancia, imprescindible (la lluvia, no la lituraruta rancia). Y la muchacha se cubría con una cobija hecha con retazos de cadáver peludo, mientras un perro inmenso la observaba con inteligente cuidado, y una bruja fuera de contexto caminaba sobre las tejas inconscientemente pardas y eternamente frágiles.

Los chopos se deshojaban, porque no caía nieve, sino lluvia... y soledad, mucha soledad, tanta que un venado murió a la puerta de la cabaña y, segundos, quizás minutos antes del último suspiro, escuhó las notas del piano, sintió el fuego del hogar, olió el íntimo conjunto... y murió feliz.

Llueve, decía el personaje entre el calculado silencio de las teclas, pero lo hace afuera, detrás de las ventanas y las cortinas, gruesas y viejas, invadidas por polillas, y nosotros aquí somos otros. Y seguía tocando, como si la otredad fuera sinónimo de egoísmo musical, mientras la muchacha lo escuchaba y acariciaba sus pezones (los de ella, no los de él) debajo de la cobija, envidiada por el perro (la cobija, no la muchacha).

[] Iván Rincón 11:24 PM

Junio 6 de 2006

A veces quisiera ser filósofo y escribir choros soporíferos en vez de mis desencuentros con la realidad y aterrizajes forzosos. Me gustaría aglutinar las palabras para no decir nada, pero "la debilidad es fuerte", decía el párroco borracho de San Jacinto, y tenía razón. La nostalgia se hace rencor cuando el recuerdo de una alianza profesional y relación personal con un colega y compañero de correrías interminables es complementado con la noticia tardía de que ahora es un tirano y hay gente que lo acusa inclusive de ser más bien un gangster. No lo mencionaré por su nombre, porque este no es lugar para denunciarlo, pero... hace unos días recordaba yo a otro periodista innombrable, cuya voz está todavía en los sitios web de La Jornada y El Universal, tranzando con el llamado Rey de la mezclilla. Por un momento, pensé en una broma para hacerla circular por correo electrónico en el sentido de que el nauseabundo personaje que llamó "góber precioso" a su cómplice poblano padecía de tal desprestigio que había contratado al periodista en cuestión para que se encargara de su imagen pública a partir de ahora. "No hagas eso", me recomendó alguien más sensato que yo. "No te metas con esos tipos que, además de quemarse solos, son peligrosos. Bastantes broncas tienes ya con Telmex, Avantel, Bancomer y Macintosh, como para aventarte un tiro con esas pinches mafias. Tu salud ya no está para eso. No te claves, cabrón, ya no eres el de antes".

Pero ahora que veo la forma en que otros se corrompen, me dan ganas de ser más bien filósofo para vivir en las nubes y escribir muchos libros que sirvan como remedio para el insomnio y ganar algunos premios nacionales y, con el dinero y las loas por los laureles, emborracharme con mis alumnas y dormir con ellas, y jamás enterarme de las triquiñuelas y los negocios vomitables de antiguos colegas, ni del trato que tienen con capos de todo tipo y basura de la peor especie. Quizás cuando me sepa hundido en el más rotundo fracaso, perdido en la más absoluta miseria, propine un coletazo de antología, de los que hacen historia. Por lo pronto, voy a seguir intentando recuperar la salud, y pensar en la ética estética, poética y patética, así como en la hermenéutica, "el reencuentro del espíritu con su alteridad", las aporías solipsistas y demás por el estilo. Es más, voy a garabatear algunos fárragos pedantescos para revistas que se vendan en Sanborns, y quizás vuelva a juntarme con la yuppiza de Filosofía y Letras. Por lo menos allí hay piernas femeninas, carajo, hermosas y mordisqueables piernas, que además bailan bien.

[] Iván Rincón 12:59 AM

Junio 3 de 2006

El año pasado, confesé aquí que trataba de convencer a Hilda Saray de que abriera un blog, y después creí que había cometido una falta de tacto (como tantas que cometo cada vez que le escribo en privado), pero ahora entiendo que eso era precisamente lo que tenía qué hacer: insistir, insistir y seguir insistiendo. Lo único decepcionante que podría tener un blog de Hilda Saray sería su ausencia, su inexistencia... Carajo. Si Noam Chomsky y el Subcomandante Marcos abrieron sus respectivos blogs, ¿por qué no habría de hacerlo Hilda Saray, la mujer más idealizable de la radio en México? ¿Por falta de tiempo? ¡No! Ese pretexto no es válido. Hace unas horas, yo todavía consideraba posible que mi insistencia fuera la causa de que la prestigiada locutora tardara tanto en hacer lo que dijo que probablemente haría: abrir un blog. Pero ahora resulta que, por el contrario, lo que falta es un "ligero empujoncito".

Estoy por cumplir 25 días encerrado en un departamento de ocho metros cuadrados por una enfermedad indescriptible, salvo en términos literarios, médicos no. Se llama abulia y consiste en que dejas de comer y dormir hasta un mes; ataca primero con debilidad física y después con una depresión que nadie puede imaginar. Me había quedado sin música, para colmo, desde que hice pedazos mi aparato de sonido en un arranque de ira. Pero ya cuento con la compañía de otro aparato y -desde que me lo trajo una amiga que nunca mencionaré por su nombre en este blog, a petición suya- busqué Radio Educación desesperadamente, y en la búsqueda encontré basura, voces de locutores que se dicen locutores, pero son más bien imitadores de sí mismos... hasta que hallé finalmente la estación de mis afectos y corajes sin límites, y escuhé la voz de Hilda Saray. ¡Qué coincidencia tan feliz y afortunada y vital! ¡Qué rotundo contraste!

En 1998 pasé por una situación parecida a la que vivo hoy, y la joven locutora (menos joven que ahora, valga la aparente contradicción) me acompañaba sin saberlo, por lo que un día planeé un mensaje para enviárselo por teléfono: "Solo quería darte las gracias por... todo, todo, todo". Pero mi otro yo detuvo el impulso y le impidió romper el encanto de una lejana relación que duraría -¿quién iba a pensarlo?- ocho años más.

Hoy, sábado 3 de junio de 2006, cuando yo quisiera tener un ápice de fuerza y estar en Oaxaca para que el propio Iván Rincón se enterara de quién es Iván Rincón, la señora profesionalismo y amabilidad, la voz sensualidad, motivo de envidias que ni ella conoce, estará hasta las diez de la noche en Radio Educación, haciendo, sin saberlo, más llevadera y hasta disfrutable mi porquería de vida... mientras yo repito en público lo que escribo en privado para convencerla de que -además de cumplir con doble turno de locusión, siempre, siempre, siempre- abra su blog, pronto, pronto, rápido, ya, uno que tenga su foto y su tag y
que se llame...

-Chale, Iván, ¡me van a alucinar! -dice ella.

-Pues yo ya te alucino... pero chido -le constesto- y quiero más, mucho más de tu presencia, hasta ahora hertziana. Así que abre un blog y deja de hacerle al cuento, y si le haces al cuento, publícalo. ¿Sale? Va.

[] Iván Rincón 7:57 PM

Mayo 29 de 2006

De película

Como la dirección era de Spielberg, la desprecié, la desdeñé, dije guácala, guácala, guácala, sobre todo al leer en los créditos el nombre de Tom Cruise, un tipo al que, de plano, tampoco tolero, no lo trago, pero Tom Hanks corría con un niño de la mano (yo acababa de ver El Código Da Vinci, que me pareció casi un fraude, como muchos a otros), así que puse atención en la cara del niño y entendí, para confirmación del instinto, que era yo... Tom Hanks interpretaba (más o menos mal, como todo lo que hace) a un cincuentón con aspecto prematuramente avejentado y
-para otra, muy otra, confirmación del instinto- entendí que ese ruco... también era yo.

Los dos corrían desesperados sobre las vías del metro, pues la mole estaba casi encima de ellos. De pronto, Hanks soltaba al niño para saltar -anciano como está- sobre el andén y, con hipócrita inconsciencia de que era causa perdida, le daba la mano a su pasado (gloria pretérita, diría Monsiváis).

El niño gritaba "¡Dios!" (claro, la película era de Spielberg) y, en vez de tomar la mano del adulto, volteaba a ver el metro y, antes de ser arrollado, alcanzaba a decir (chantaje típico de Spielberg... y colaboradores) "Dios, ayúdame, por favor". Pero el tren pasaba por encima del precioso niño, que era yo, y Tom Hanks, que también era yo, preguntaba "¿Dios?", y lloraba, finalmente, como patético descubridor de la verdad (extemporánea), caminando cabizbajo por una desolada calle de Coyoacán.

[] Iván Rincón 3:29 PM

Mayo 28 de 2006

Desde antes de abrir este espacio, creo que los peores blogs son los más enlazados desde el resto de la blogósfera. No puedo decir que los mejores son, en consecuencia, los menos enlazados (sería la justificación más pretenciosa de que mi blog es uno de los menos enlazados de toda la glogósfera), pues hay simple basura que alguien arroja y deja allí, como quien deja la mierda de su perro en vía pública y, obviamente, no regresa a ver si otro se ha encargado de ella. Lo que sí puedo decir con certeza absolutoria es que, entre la ociosidad más autocomplaciente (como aquella de hacer circular por la red una encuesta sobre las palabras de mayor aceptación entre la masa idiota), hay un "pasatiempo" (1) que consiste en contar el número de enlaces de un blog en los demás. La mediocridad por antonomasia corona esta puerilidad mediática anunciando el resultado y aplaudiéndolo como foca inconsiente del insulto: que los blogs más insulsos y vacíos, los más aburridos y estúpidos, son también los que más enlaces tienen entre su creciente mayoría de similares. Era de lógica elemental, diría un matemático aplicado... al fenómeno en cuestión (2). Los blogs más "profesionales", por ejemplo, son quizás los menos creativos (reproducir cada una de las pobres mamadas que se atreve a publicar una revista o suplemento... está bien, carajo, todo es válido, ni hablar).

(1) "Pasar el tiempo" es un eufemismo de "matar el tiempo" con la paradójica intención de adelantarlo.

(2). "En cuestión" es un anglicismo tan mamón como "implementar" o... pero, como ves, yo prefiero blog a bitácora, porque es más auténtico, y porque el uso del lenguaje tiene más razón que la pendejada demagógica esa... parecida a la de "nebluhumo", inventada por Octavio Paz para sustituir "smog".

PD. Para que vean que también jalo, digo, además de criticar... Si hasta Pedro Miguel (La Jornada) le entró a la idiotez esa de votar por las diez palabras más "bonitas"... yo nomás quiero decir que detesto la palabra inconmensurable y detesto a la gente que dice inconmensurable y detesto a la gente que escribe inconmensurable. Además, estoy absolutamente en contra de absolutamente todos los absolutos.

Por eso hago un blog de horas, piedra, laberinto, gárgolas, insomnio... y por eso agrego que mi sexta palabra preferida es vampiro, la séptima es sangre, la octava octubre, la novena noviembre y la décima Revolución. ¿Me explico?

[] Iván Rincón 3:46 AM

Emil Schildt

Mayo 24 de 2006

Andrea Fernández tenía mucho tiempo de ser amiga de mi padre cuando ella y yo nos conocimos, nos transmitimos una excelente vibra telefónica y nos hicimos amigos inmediatamente... pero tuvieron que pasar años para que un día me preguntara: "¿Eres hijo de Valentín Rincón?"

-Sí, Andrea, soy su hijo.
-¿Y por qué nunca me lo habías dicho?
-Por la misma razón que tú nunca usas el nombre de tu padre como referencia o carta de presentación.
-Yo, jamás. No solo tengo mi propia trayectoria y mi propio nombre, sino que soy bastante ajena al futbol.
-Lo mismo digo yo, cambiando nada más lo del futbol por las canciones infantiles.

Como otras locutoras de Radio Educación, Andrea era una presencia común (de hecho, imprescindible) en mi vida cotidiana, pero algo nos identificaba íntimamente: nuestra gran admiración a Joan Manuel Serrat. Ella había conducido un programa exitosísimo, producido por Víctor Bárcenas, sobre Silvio Rodríguez. Ese programa tuvo una culminación apoteósica, con una emisión en vivo que llenó la explanada y el estacionamiento de Radio Educación... inclusive la banqueta y la avenida.

Un día que Andrea dijo al aire que Serrat era el hombre de sus sueños, la llamó su marido para reclamar, y Andrea confirmó: "Serrat es el hombre de mis sueños, pero el señor que acaba de llamar es el hombre de mi vida". Entonces la llamé yo y le dije: "Si algún día haces un programa sobre Serrat, cuenta con todos sus discos, tres libros, muchos artículos y el audio de una entrevista que le hizo Ricardo Rocha hace años, entre otras cosas, porque todo eso lo tengo yo y está a tu entera disposición". Ella me contestó (sin conocerme) que sí. "Y, por favor, Ivancito, que el programa se llame 'Serrat: el hombre de mis sueños'".

Pasaron unos días y mi recién estrenado correo electrónico recibió un mensaje de la oficina de comunicación social del gobierno de la ciudad: "Urge que te comuniques con Andrea Fernández, que tiene cuatro días buscándote". La llamé a Toluca y me dijo: "¡Iván!, el proyecto ya está en marcha y lo integramos tres personas, por lo pronto: "Víctor Bárcenas, Iván Rincón y Andrea Fernández. Nomás falta que las brujas, que dizque dirigen Radio Educación, lo aprueben", hecho que nunca ocurrió. Pero una noche, esta entusiasta y energética mujer dejó un mensaje en mi contestadora telefónica (que respondía, por cierto, con la voz de Serrat cantando un verso de Luis Eduardo Auté: "Las horas de piedra parecen cansarse") y dejó dicho: "Ivancito: vengo del concierto de Serrat en el Auditorio Nacional; el hombre me hizo llorar, me hizo reír y me hizo quererlo tanto como antes, o más, y quiero proponerte que intentemos hablar con él mañana, porque ya casi se nos va. Te dejo un saludo y un beso". Después vinieron otros mensajes muy parecidos y un intento mío de hablar con Serrat en el zócalo, intento frustrado por la gente del gobierno de la ciudad... Y todo se vino abajo.

Pero en marzo de 2000, la flamante policía paramilitar tomó por asalto la UNAM, y Andrea Fernández empuñó el micrófono de Radio Educación para denunciar lo que estaba ocurriendo allí y en todos lados. La Jornada acababa de censurar una carta mía, firmada incluso por Carlos Monsiváis y Rosario Ibarra, entre otras personalidades (incluyendo, por supuesto, a Andrea Fernández), así que hablé a cabina y le pregunté: "¿Puedo enviar un mensaje textual? ¿Lo anotarías y transmitirías tal cual?"

-Por supuesto que sí sí sí, Iván, tengo la pluma en la mano, esperándolo. Viene de ahí, porque también tengo a otros esperando...

Ese día, Andrea hizo la Revolución... o quizás ya estaba hecha, pero ella fue su voz (de ese tamaño). También estuvo a punto de perder su licencia de locutora, pero eso ya está platicado en este blog.

En 2001, la "nueva" dirección de Radio Educación aprobó once proyectos de programas, entre ellos uno producido y conducido por Andrea Fernández, que se llamaba "La terrible necedad de soñar despiertos", si no mal recuerdo, "pero no pasamos de los arrancones, mi querido Iván, rompí la barrera de la censura, que ya tenía cinco años (los que tiene ahora otra vez), pero nos quedamos ahí, en la pura finta. Gracias por tu solidaridad, pero estoy bastante decepcionada y mejor me aboco al trabajo que tengo en otros lados" (por aquellos días, Andrea dirigía la segunda mitad de la Hora Nacional).

En 2003, se nos vino encima la destrucción de Irak, y Andrea (censurada como estaba... y está) hizo de su turno de locusión toda una emisión especial (de anatología, carajo... ojalá alguien la hubiera grabado, porque ni ella tuvo ese cuidado) y yo la llamé a mitad de esa emisión.

-¿Podrías transmitir la convocatoria para el festival frente a la embajada gringa y leer, por lo menos, un pedazo de la carta que, ahora sí, publicó La Jornada?"

-Sí, Ivancito, mándame las dos cosas, pero rapidísimo, y cuenta con dos horas mías como conductora para todos los días de cualquier cosa que organices frente a la embajada gringa y, de una vez, cuenta con mi nombre para lo que sea que envíes a donde sea... Si hace falta dinero, envíame el número de cuenta para ponerlo a la vista y hacerlo cincular, pero la convocatoria mándamela ahorititita, ya... y nos vemos frente a la embajada gringa.

Tooodo fue real, efectivo, verificable, nada de "habladas" (como suele ocurrir entre mexicanos), y la relación ha continuado por ese camino...

-Así nos vamos por la vida, Ivancito, con estas llamadas tuyas...

Pero hace unas horas, el padre de Andrea murió... como suele ocurrir con la gente de su edad, y ahora recuerdo una semblanza-entrevista que le hizo Juan Villoro y quizás inspira el título de su libro: "Los once de la tribu". Según Villoro, Angel Fernández hacía citas literarias espontáneamente en sus crónicas deportivas. No lo dudo nada, pero Andrea es mencionada en la semblanza casi como si fuera una niña, cuando en realidad se trataba de una mujer que vivía en Nicaragua, enviaba con oportuna regularidad un reporte de la guerra imperialista en ese pequeñísimo país y la revolución sandinista, y escribía una poemario, que ojalá se publique pronto. Ya era amiga de mi padre, lo cual no sabía yo ni me hubiera importado mucho, pero un día la llamé a cabina y le pregunté: "¿Eres hija de Angel Fernández?".

-Sí, Iván, soy su hija.
-¿Y por qué nunca me lo habías dicho?
-Por la misma razón que tú nunca usas el nombre de tu padre como referencia o carta de presentación.
-Yo, jamás. No solo tengo mi propia trayectoria y mi propio nombre, sino que soy bastante ajeno a la música infantil.
-Lo mismo digo yo, cambiando nada más lo de la música infantil por el futbol.

[] Iván Rincón 7:22 PM

Mayo 20 de 2006

El ataque a Atenco detuvo la otra campaña. Lo hizo con la anuencia implícita del propio Marcos, que ahora entrega cartuchos de bala a Televisa y concede entrevistas a Televisa. El gabinete de seguridad planeó un golpe similar al que dieron en la UNAM hace seis años con su flamante policía paramilitar, que entonces costaba 30 mil pesos por soldado con uniforme de policía dizque preventiva y que poco después invadió Montes Azules, antes de invadir también Coyoacán, cámaras de video en mano y dedo índice en la tartamuda (después vino la invasión de juniors que ya no cabían en Vips y la policía paramilitar se fue). El gabinete ese planeó su anticipo de la pesadilla que vendrá sin prever las consecuencias sociales porque eso no entra en los cálculos de semejante gente. Para abonar el golpe de estado que sería una supuesta victoria electoral del candidato de la "familia" Fox-Sahagún ("familia" es el nombre que se pone la delincuencia organizada en Estados Unidos, con un demente a la cabeza) había que reprender primero, dar un escarmiento ejemplar a la violencia defensiva de los machetes con la violencia ofensiva de los gases lacrimógenos y las balas, los toletes y las macanas, y la violencia sexual, ofensiva también moralmente, éticamente, jurídicamente, más allá de la política barata de quienes han hecho gran carrera gracias al repudio del apático, indolente y abúlico egoísmo en este país exasperante a la política real, ideal o imaginaria.

El ataque a Atenco detuvo la otra campaña y el funcionamiento de los municipios autónomos en Chiapas, más allá de la alertada autodefensa, y dio inicio a una campaña mucho más otra, la del fundamentalismo, el oportunismo y la miseria mental.

[] Iván Rincón 1:23 AM

Mayo 18 de 2006

Los niños del fin del mundo fue la mejor película de la muestra pasada. Entre muchas secuencias geniales, hay una donde los niños tocan a la puerta de la cárcel y una voz les contesta desde adentro. ¿Quién es? Somos nosotros, los niños de la otra vez, venimos a pedirte perdón, querido guardia. El guardia abre la puerta y le pregunta al niño: ¿Vienes a insultarme de nuevo? No, guardia, vengo a pedirte perdón por lo que dije. Dijiste que mi madre es una ramera y mi madre no es ninguna ramera. No, guardia, por eso te pido perdón. En cambio, tu madre es cien por ciento ramera y por eso está aquí presa. La ira del niño explota como la vez pasada. Si mi mamá es ramera, la tuya también, miserable guardia de mierda, hijo de puta. El guardia sale enfurecido y trata de golpear al niño, pero el niño corre. El guardia lo apedrea y la niña, la salvaje y adorable hermanita, se planta frente al guardia. Si no tienes piedad de mí, le dice, tenla entonces de este pobre perrito que no te ha hecho nada. La absurda ocurrencia de la niña me hace llorar de risa. Mira al perrito, míralo, ¿no te da pena? No sigas, implora el guardia. ¿Te gustaría que tu madre estuviera presa y condenada a muerte, y un guardia sin alma te impidiera verla? El sermón de la niña es más que convincente. ¿Por qué me lastimas de ese modo?, pregunta el ablandado guardia. Ya vámonos de aquí, grita el niño desde lejos. Su mamá es una puta-ramera y por eso no nos deja pasar. El guardia enfurece de nuevo y apedrea al niño. ¡No le pegues, no lo golpees más!, grita la niña, como en "Los olvidados". Si quieren ver a su madre, aprendan a robar para que los encierren también. Yo no voy a dejar que entren a verla. A eso se dedicarán los niños. Aprenden a robar con "Ladrones de bicicletas". Esta es una película de arte, les dice el taquillero, no les va a gustar. Si quieren aprender a hacer fechorías grandes, vean películas de Joligud. Queremos ver esta, dice la niña...

De entrada, encontré obvias similitudes entre esta inobjetable obra maestra y "Las tortugas pueden volar", pero ahora que estoy borracho y tengo una semana de no comer nada, recuerdo aquel hermoso y necrófilo diálogo entre los niños de "Juegos prohibidos". Hay que enterrar a tu perro junto a otros animales muertos, dice él. ¿Por qué?, pregunta ella. Porque los muertos nunca deben estar solos, responde él. ¿Por qué?, pregunta ella otra vez. Porque si están solos se aburren mucho, contesta él, escarbando ya la tierra.

Los niños del fin del mundo son precisamente eso, dos niños indigentes, que pepenan, buscan desesperados en la basura, duermen en la cárcel porque eso es menos cruel que pasar la noche a la intemperie, expuestos a la árida y paradójicamente fría soledad del desierto, además de la brutalidad adulta, que viola y esclaviza a niñas en Kabul... y en cualquier otro lugar del mundo, y finalmente engendra líderes en la sobrevivencia cotidiana y más elemental, y la autodefensa colectiva, más o menos mafiosa, con ocho o diez o doce años de edad...

Los pedófilos sabemos algo de esto, sobre todo ahora, que tenemos una guerra a muerte, públicamente declarada, contra los pederastas.

PD. Tengo suficiente memoria como para reproducir diálogos enteros, muchos años después de leerlos o escucharlos, pero algo grave comenzó a ocurrir por estos días con mi agobiado cerebro. He perdido cuatro textos escritos para este blog y algunos mensajes, recibidos y escritos como respuesta. Alguien me envió un virus desde una dirección de TV Azteca (creo saber quién es ese alguien y ya pagará su estupidez y la mía), virus que hizo todavía más lenta la computadora y, mientras yo lidiaba neuróticamente con esta desquiciante lentitud, el cabrón borraba los textos que tenía yo archivados en el programa de correo electrónico. Además se bebió toda la cerveza que guardaba en la alacena y quería regalarle a mi vecino Carlos Oliva. Por si fuera poco, el virus activó la alarma de un coche y me chingó toda la pinche noche (¿te gustó la rima... y la cacofonía?). Hablando en serio (¡viva la digresión!), los amigos de Trova del Sol me escribieron con el cariño que los caracteriza para darme la feliz noticia de que han grabado por fin su primer disco, y les contesté inmediatamente para felicitarlos y ofrecerles mi apoyo en la difusión, pero el mensaje se perdió y se perdió también un artículo que escribí sobre el grupo musical para publicarlo en este blog y quizás en el boletín de Discos Pentagrama... Algo literalmente grave está sucediendo con mi cerebro, y el virus de TV Azteca no es como para culparlo de todas mis gracias y desgracias, entre otras, una que empieza y termina así...

[] Iván Rincón 6:24 PM

Mayo 14 de 2006

Los desgraciados asumían que yo era periodista. Por más que insistí en que yo tenía cinco años de no ejercer mi profesión, ellos aseguraban que portaba inclusive una credencial vigente de reportero. Tengo mi credencial de elector y una licencia de conductor, vencida. También tengo dos tarjetas ladatel y cinco boletos del metro. "No te hagas el chistoso, pendejo de mierda. Si no cantas lo que queremos escuchar, te lo sacamos con pinzas". Rashy González, entonces director del semanario Contrapunto y corresponsal de Reuters en Oaxaca, había estado hacía poco en manos de la policía política. "Cuando hables con Israel Ochoa -me dijo- pon atención a su nariz... todos los que hemos sido secuestrados por la policía tenemos el mismo sello, una marca en la nariz que nos deja la venda con la que vivimos durante horas y días de sabernos en manos de quién sabe quién". Cuando Israel Ochoa y yo nos conocimos, él tenía, efectivamente, una marca en la nariz. Lo había secuestrado hacía poco la policía judicial en Jalapa, Veracruz. Como en el caso de Rashy, "inteligencia" inteligía que, detrás de su oficio, había vínculos determinantes con el Ejército Popular Revolucionario. Lo más nefasto de todo esto es que también las organizaciones que integran la Red "Todos los Derechos para Todos" lo creían. "En Oaxaca están muy procupados", bromeaba el vocero de la red esa. "No te juntes con la Limeddh", me aconsejaban, "esa gente está quemada y es mal vista por todos". ¡Imbéciles! Si supieran que la Limeddh salvó la vida de Rashy y la de mucha gente, incluyendo la mía. En 1997 dejé mi aparatoso equipo de cómputo en las oficinas de la Limeddh en Oaxaca y estuvo ahí durante meses. Cuando conseguí por fin su transporte al Distrito Federal, la policía hizo un cateo y secuestró las demás computadoras que usaba la ONG. Desde luego, las torturaron y les sacaron toda la información que contenían, a tehuacanazos en la nariz y alfileres en las uñas. Mi equipo salió bien librado y, semanas después, sirvió al zapatismo en Chiapas. Felipe Echenique y Juan Ansaldo lo bajaron de una combi inundada y lo cargaron por la carretera, en el húmedo tramo de La Ventosa, con el agua hasta la cintura. Finalmente, dicho equipo terminó vendido en cuatro mil pesos a la efímera empresa de mi padre: Trova para los niños. Ni hablar; así es esto de la lucha y la dicha mucha.

[] Iván Rincón 4:17 PM

Mayo 13 de 2006

El día había sido intenso, tanto como los anteriores y los siguientes, y quizás todavía más que los de febrero en 1995, cuando ocurrió la ofensiva militar del "gobierno" de Zedillo contra las comunidades zapatistas, o sea, contra los indígenas de Chiapas, de México y el mundo entero (y yo era corresponsal de Voz Pública en Chiapas). Era la una de mañana. Y'ahali ordenaba información con actitud sonámbula, vencida por el tedio y la tensión de la amenaza. "Hooooola, Iván, ¿quieres un café?", preguntó al verme. "No, Y'ahali, muchas gracias", le respondí, y alcancé a escuchar que Israel Ochoa escuchaba a su vez un disco de Serrat. "Tal para cual", pensé, y me abstuve de distraer lo que, muy probablemente, sería su único remanso en todo el día. Catorce horas diarias de trabajo, siete días a la semana, no son aptas para cardíacos, ni pendejadas, mucho menos bajo amenaza de muerte.

Cuando Rafael Bermúdez y yo nos encontramos en el Bar Jardín, recordé que su hija se llamaba Gabriela y que, a los 23 años de edad, esa mujer reunía belleza, inteligencia y honestidad... y por eso se mató, porque era un ser excepcional, y este mundo execrable no tolera a la gente excepcional. Por eso quieren matar a Isreal Ochoa y por eso -espero equivocarme- quizás lo hagan.

10.10

El robo de la cámara fotográfica fue un pretexto para desahogar mi tensión, mi neurótica ira, un motivo de escándalo que, antes de verlo crecer demasiado, preferí contener. Salí de aquel miserable hotel en solidaria compañía de una mujer que a partir de ahora llamaré Tristeza. Desde luego, acepté la insistente y añeja invitación a quedarme en su casa, con un gato calvo y una concubina lesbiana.

Hace cinco años entrevisté a Israel Ochoa para un periódico semanal de tiraje ínfimo que se vendía en la Comercial Mexicana (mis entregas a internet tienen más difusión ahora). Se acabaron los 45 minutos del minidisco y él siguió hablando. Aquella evidente pasión por su trabajo me preocupó. Eran las dos de la mañana y el abogado me explicaba, casi con obsesividad, por qué la ley de amnistía, recientemente decretada, era positiva desde un punto de vista "estrictamente legal, no político". A cambio de aceptar que eran eperristas, 57 indígenas zapotecos de la Sierra Sur de Oaxaca (los zapotecos del Istmo oaxaqueño son un pueblo muy otro, por si no lo sabes) habían salido de la cárcel. Israel Ochoa y su despacho habían logrado sacar a 80 presos loxichas, probando y comprobando que no había elementos suficientes para mantenerlos en prisión, porque los delitos que se les imputaba, en la mayoría de los casos, ni siquiera existían (así, de ese tamaño). Pero la amnistía por delitos del fuero común dejaría a otras 57 personas en libertad, lo cual era ganancia, porque algunas de ellas tenían sentencias hasta por 40 años de cárcel, inclusive confirmadas.

Con la amnistía, eran 137 los loxichas liberados (cuyas sentencias suman más de un milenio, que es el tiempo recuperado en esta gran lucha), y Ochoa Lara maquinaba ya una ley de amnistía por delitos federales para sacar de la cárcel a los 14 loxichas que siguen presos, y lograr de una vez por todas su libertad absoluta, más que absolutoria.

Por aquellos días (los del decreto de amnistía por delitos del fuero común), se apersonó en Oaxaca Ofelia Medina para armar una histérica grilla en contra de Ochoa Lara. "Ese hombre está tranzando con el gobernador", acusó la actriz, y además cuestionó: "¿Cómo es posible que les cobre a los presos loxichas por sus servicios?". Ya estábamos en la calle, cuando Israel Ochoa me preguntó, a punto de la carcajada: "¿Cuánto dinero ha dado Ofelia Medina para la defensa jurídica de los presos loxichas? Que yo sepa, no ha dado ni un peso. Yo jamás he recibido nada de ella, además de sus grillas. ¿Y por qué no he de cobrarles, carajo, si soy defensor y asesor jurídico, no beneficencia pública".

La pasión de Ochoa Lara por su trabajo y, sobre todo, por los evidentes resultados de su trabajo, tiene algo de sobrecojedor, valga la expresión. Hombres como él, tienen que morir para ser reconocidos, cosa que no puedo ni podré aceptar jamás, pero tenía qué decirla... Y ya está dicha.

02.35

Tristeza no me dio llaves de su casa, así que, esa noche, tuve que golpear la puerta y, por último, arrojar piedras a la ventana. En un momento de calma, el otro yo me dijo: "mira, ahí están tus amigos". Volteé a verlos y, efectivamente, allí estaban las bastias con sombrero y lentes oscuros, fumando como siempre y mirándome.

(Continuará...)

[] Iván Rincón 2:43 AM

Mayo 12 de 2006

"Ni siquiera el triste papel del subcomandante Marcos", ni siquiera eso, hará que Jaime Avilez (el borracho del pueblo) vuelva a ser mi columnista de cabecera. El otrora escritor de los "esqueches" de Jesusa Rodrígez y Liliana Felipe pasó de la izquierda etílica al antizapatismo, como si fuera posible ser de izquierda y antizapatista al mismo tiempo. Hace muchos años, yo era un lector fanático de Adolfo Gilly, hasta que transitó del trosquismo al cardenismo y La Jornada publicó todas sus vergüenzas justificatorias. Jaime Avilez no recuerda que tuve el honor de servirlo y darle toda la información que me pidió durante el Foro Especial para la Reforma del Estado, porque yo era el comisionado de prensa (comisión zapatista, de la cual no reniego un pinche ápice, a pesar de la soberbia y la imbecilidad que han seguido), y Adolfo Gilly tampoco recuerda que hace 18 años me obsequió un artículo suyo para mi revista Ollinmecah. Ahora me encuentro a Avilez en Coyoacán, cuando tengo a mal tolerar un rato la dislexia del peje, y el columnista (antes mi héroe) me mira como diciendo, creo que nos conocemos, pero no recuerdo en donde ni por qué ni quién carajo es Adolfo Gilly. También Adolfo Gilly, otrora el señor lucidez, me inspira hoy una patética ternura. Me mira y dice con la mirada: ¡Nos conocemos! ¿Verdad? ¿Fuiste mi alumno? Y mi actitud de intolerancia disfrazada de indiferencia le responde: ¡Olvídalo! ¡No te esfuerces más! ¡Y por favor, ponte derecho, camina derecho, pórtate machito, y no olvides tu suéter en la butaca, ten, llévatelo, no lo dejes! Adolfo Gilly jamás aceptaría que una vez me llamó por teléfono para felecitarme por una carta mía que acababa de publicar La Jornada. ¡Por supuesto, el maestro Gilly nunca se enteró de que esa llamada suya era lo más importante que había ocurrido hasta entonces en mi pobre vida. Pero yo tengo una memoria intacta, y jamás olvidaré el esfuerzo que hizo (y yo nunca le pedí) para que me dieran chamba en La Jornada (Dios me libre). En estos días, leí lo que escribió sobre la violencia sexual en Atenco y, por un instante, sentí que su texto lo había escrito yo. Pero Avilez, carajo, es el hombre decepción... ¿Se enterará algún día del "triste papel" que juega hoy? Aprovecho este espacio para comentar que hace cinco años me comieron vivo en los multitudinarios foros de letras libres cuando dije que López Obrador sería el próximo presidente de México. "No lo deseo", dije entonces, "lo preveo". Pero ahora pienso, literalmente angustiado, que ha sido un error darlo por hecho y es cada vez más probable un fraude electoral, que no logrará la presidencia para Calderón, sino la guerra, la guerra civil. En fin, Avilez es un idiota, que detesta a Marcos porque no distingue entre el salinismo y el alcohol mezclado con marihuana y después vomitado sobre el taclado.

[] Iván Rincón 4:17 PM

Mayo 11 de 2006

Así como no hay guerra en Irak, sino invasión, agresión alevosa y cobarde, genocidio y barbarie, en Atenco no hubo represión, porque tampoco había algo qué reprimir. En todo caso, hubo represalia, venganza, brutalidad, agresión alevosa y cobarde, abuso del poder y de la "fuerza pública", más que "uso legítimo de la violencia" (ya quisiera mi violencia verbal corresponder a semejante "uso" del lenguaje), y abuso sexual, más que "uso legítimo de la violencia sexual". Ojalá que un día de estos, más o menos próximo, tanto a los que ordenan como a los que obedecen, les caiga el más violento de los chahuiztles. Ya lo conocerán, te lo aseguro, y yo estaré allí, nomás pa' verlo. ¿Tienes alguna puta duda?

[] Iván Rincón 10:19 PM

Mayo 10 de 2006

Después de comer, noté que los facinerosos de sombrero y lentes oscuros fumaban de pie y de espaldas a la pared en la banqueta sin dejar de mirarme. Pensé por un instante en tomarles otra foto, pero había dejado la cámara en el hotel, así que me dirigí hacia la hemeroteca para buscar la entrevista por la que me felicitaban. "Buen trabajo", consideró Rosy Ramales, reportera del diario Noticias y corresponsal de Associated Press en Oaxaca, a quien saludé en el camino. Finalmente, perdí el resto de la tarde buscando la famosa entrevista en los periódicos locales -diarios y semanarios- de todo un mes, así como en las publicaciones mensuales de todo un año. Quizás se había transmitido por radio, supuse entonces. Como fuera, aproveché para fotocopiar información relacionada con la amenaza que se cernía sobre la vida de Israel Ochoa Lara y el hostigamiento policíaco a sus compañeros de trabajo.

La entrevista programada para la hora de comer no había sido posible, y yo seguía preguntándome qué sentido tendría demandar penalmente al gobierno del estado ante el gobierno del estado. ¿No era eso un poco absurdo, así fuera presentada también una demanda penal ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos? Además, la información difundida por diversos medios se refería a una persona que insultó y amenazó públicamente a Israel Ochoa durante un litigio, pero no decía de quién se trataba. De hecho, los cabos sueltos eran demasiados como para atarlos todos en una sentada, pero yo conocía al abogado y sabía que, después de la entrevista, quizás en la noche o al día siguiente, abundaría en lo dicho verbalmente con documentación complementaria.

Por lo pronto, los móviles del anunciado asesinato estaban a la vista del mundo: Loxicha, Monte Albán, Lalana, Atempa... Ochoa Lara no acusaba directamente al gobernador del estado como autor intelectual, pero tampoco hacía falta. Los indicios eran implacables. Había nombres y apellidos de los encargados del crimen y esos nombres y apellidos constaban en la nómina de la Procuraduría General de Justicia local. Por tradición, el régimen de Ulises Ruiz descargaba su violencia represora contra el que se pusiera enfrente.

Al calor de la brutalidad desatada en San Salvador Atenco, estado de México, pasaba casi desapercibido -fuera del Congreso Nacional Indígena y la Otra Campaña- el asesinato de Faustino Acevedo Bailón, tesorero del Ayuntamiento Popular Autónomo de San Blas Atempa, en el Istmo oaxaqueño, al parecer por orden de Agustina Acevedo Gutiérrez, diputada local con licencia que había sido tres veces alcaldesa de ese municipio y ahora era candidata del partido de los caciques a diputada federal.

Los antecedentes inmediatos de este otro crimen pueden resumirse así: el 3 de octubre de 2004 hay elecciones en el estado y, además de recuperar la capital y otros municipios, el PRI gana en San Blas Atempa comprando votos, regalando despensas y ejerciendo coacción, según el PRD municipal; durante los días siguientes, harta del cacicazgo de Agustina Acevedo y su partido, que ha "gobernado" este municipio zapoteco por doce años, la mayoría de la población nombra autoridades mediante asambleas comunitarias; sin embargo, Eliseo Reyes Vásquez, entenado de la diputada local, alias La Tina Guada, trata de tomar posesión como nuevo edil el primero de enero de 2005, lo que ocasiona un enfrentamiento; la cacique sale al balcón del palacio municipal y le llueven piedras; sus guaruras (20 hombres armados, algunos con AK-47) disparan contra los inconformes y hieren a cuatro personas, las cuales son llevadas al hospital y de allí a la cárcel; la multitud retiene a 39 priistas dentro del palacio y le prende fuego; también quema tres vehículos; el gobierno del estado, además de deteter a las cuatro personas hospitalizadas por heridas de bala, libra 72 órdenes de aprehensión.

Desde ese día, las autoridades nombradas en asambleas ocupan el palacio municipal y se declaran ayuntamiento popular autónomo; las "autoridades electas", por su parte, despachan en el exilio y reciben dinero del gobierno federal y del estado. El primero de marzo pasado, catorce meses después del primer zafarrancho, la policía estatal desaloja el palacio y detiene a cuatro personas más; las órdenes de aprehensión aumentan a 94 y los detenidos suman nueve hasta hoy que el edificio vacío es custodiado por un centenar de uniformados. Como en el caso de San Juan Lalana, el despacho de Israel Ochoa lleva la defensa jurídica de los presos y perseguidos de Atempa.

Ojalá fuera un error de apreciación, pensaba yo, pero las pinzas parecían cerrarse.

23.40

Regresé al hotel con una ligera carga de frustración esa noche, después de cenar y caminar media hora por el centro de la ciudad, pensando en el estilo de mi homónimo y escudriñando a mi alrededor en busca de los cromañones con sombrero y lentes oscuros, a quienes quizás no reconocí entre las sombras de las calles ni en la iluminación y el bullicio de los corredores turísticos, entre la gente normal, porque se habían quitado el sombrero y los lentes y, al menos por un rato, habían dejado de fumar.

"¿La escuchaste o la viste?", preguntaría yo la próxima vez que alguien me felicitara por la misteriosa entrevista; pero ahora dormiría, no sin antes leer unos minutos de literatura. Al buscar un libro en mi maleta supe que alguien le había metido mano. Busqué también la cámara digital y no estaba, me la habían robado.

(Continuará...)

[] Iván Rincón 6:09 AM

Mayo 6 de 2006

Hay similitudes entre lo que está ocurriendo en San Salvador Atenco, Estado de México, y la cacería iniciada hace casi una década en los Loxicha, Oaxaca, donde fueron detenidas unas 230 personas durante los primeros operativos conjuntos del ejército federal y las policías judicial y preventiva, federal y del estado, incursiones policiaco-militares, redadas o razzias, en las que participaron también delatores de sus propios paisanos. Los entregadores, como llaman desde entonces a los nativos encapuchados que llevaba la policía y el ejército a la comunidad, señalaban las casas de presuntos militantes del Ejército Popular Revolucionario (EPR), a quienes identificaban.

Lo que parecía ser el regreso de la guerra sucia hace casi una década en Loxicha, se repite ahora en Atenco. Más de 200 detenidos en operativos conjuntos y delatores encapuchados. Abuso de poder, fuerza excesiva, brutalidad policiaca y paramilitar, arbitrariedad, represión masiva, detenciones sin órdenes de aprehensión, cateos sin órdenes dictadas por un juez, torturas, golpizas, vejaciones, asesinato y desapariciones.

En Loxicha se trató de un golpe de estado a escala. En Atenco también. En Loxicha estaba en juego la explotación de una región rica en recursos naturales, cuya población había desplazado a los caciques locales y sus bandas armadas, eligiendo en asamblea nuevas autoridades. En Atenco está de por medio la instalación de un aeropuerto que no pudo ser porque los pobladores no permitieron el despojo de sus tierras. En Loxicha fue usado como pretexto un ataque del EPR a la policía municipal de La Crucecita, Huatulco. En Atenco, la violencia comenzó
-bromas aparte- con el desalojo de ocho vendedores de flores. Tampoco fue broma el inicio del movimiento estudiantil en 1968 con un pleito callejero. A ver qué viene ahora.

[] Iván Rincón 6:03 AM

Mayo 2 de 2006

11.30

-Oficina del Comandante Acero.

-¿Comandante Cero?

-¡Acero, pendejo! ¿Quién llama?

-Disculpe, número equivocado.

Revisé el directorio y volví a marcar; entonces contestó una voz de mujer, muy agradable.

-Asesoría Jurídica Popular.

-Buenos días; habla Iván Rincón. ¿Se encuentra el licenciado Israel Ochoa?

-¡Hola, Iván Rincón! Habla Y'ahá... Israel no está, pero dejó un recado para ti: que podías entrevistarlo a la hora de comer y trajeras por favor una ensalada grande y unas clayudas.

-¿Algo más?

-Un agua de piña y una nieve.

-Lo de la ensalada y todo eso, ¿lo agregaste tú?

-Sí.

11.45

Luego de comprar La Jornada, Reforma y los periódicos locales, ocupar una mesa en el Bar Jardín y pedir un café, busqué información sobre las amenazas de muerte a Israel Ochoa y el hostigamiento policiaco a sus compañeros de trabajo. "Al descubierto, plan para asesinar a defensor jurídico de los presos loxichas", decía un encabezado. "Los movimientos del abogado, así como sus oficinas y domicilio, son permanentemente vigilados, y sus líneas telefónicas, ilegalmente intervenidas", rezaba el sumario. En general, lo publicado al respecto no era más que un refrito del boletín de prensa, pero la cabeza de un artículo de opinión en especial llamó mi atención: "También al góber de Oaxaca le gusta el coñac".

-En un país donde sobran los "preciosos" porque faltan los escándalos -decía el texto-, donde abundan los Nacif Borge y los Succar Kuri porque escasean las Lydia Cacho; en un país gobernado por el hampa, con sicarios a sueldo y por "honorarios", con tiranos en turno y pueblos en ancestral resistencia, es típico el caso de Oaxaca, donde no hay mandatario, sino jefe mafioso que manda matar a sus adversarios.

Vaya prosa, pensé, con tanta rima parece una canción de protesta... Y comencé a sentirme observado; miré discretamente hacia todos lados y constaté que, si quería memorizar las caras de mis alrededores, hacía falta el café que había pedido minutos antes, así que seguí leyendo. ¿Quién escribe esto? Para mi sorpresa, el autor del artículo era mi homónimo. He escrito más de una vez con seudónimo, pero nunca había leído un texto firmado con mi nombre, quiero decir apócrifo (salvo en algunos foros de internet infestados por gente deshonesta y cobarde).

-En Oaxaca, es típico el abuso de poder, la violación a los derechos humanos, la represión a los movimientos sociales, la persecución a activistas políticos, la detención arbitraria, la tortura, la desaparición forzada...

En eso estaba cuando alguien me dio una palmada en el hombro. Era Rafael Bermúdez, director del semanario La Hora. "Muy buena entrevista, profesor", exclamó. Y eso que todavía no la hago, pensé, pero algo me impidió decirlo. "A ver cuándo escribes también para nosotros", añadió. La mesera dejó en la mesa mi café y Bermúdez se alejaba de prisa cuando quise contestarle que contara con mi colaboración. Entonces advertí la mirada hostil de unos tipos enormes, con sombrero y lentes oscuros; fingí ignorarlos y seguí leyendo.

-Israel Ochoa Lara es defensor legal de grupos vulnerables desde hace veinte años, tiempo en que ha logrado la liberación de mucha gente injustamente encarcelada o perseguida por el poder. De no ser por el trabajo de Israel Ochoa y el equipo de abogados que encabeza y dieron origen a la filial Oaxaca de la Liga Mexicana para la Defensa de los Derechos Humanos (Limeddh) hace más de una década, Oaxaca sería comparable con Guantánamo en cantidad de presos políticos. Los casos de San Agustín Loxicha, San Blas Atempa y San Juan Lalana son ejemplos de esta aparente hipérbole.

Si Oaxaca no es comparable con Guantánamo se debe también a las organizaciones sociales en general y al magisterio en particular, lo mismo que a otros defensores de los derechos humanos y personalidades como la de Francisco Toledo.

-Por si fuera poco sacar de la cárcel a 80 personas acusadas de participar en acciones del Ejército Popular Revolucionario (EPR)
-continuaba el artículo de mi homónimo-, Ochoa Lara y su bufete jurídico detuvieron en 2003 la privatización de Monte Albán, interponiendo amparos a favor de los comuneros, ejidatarios, pequeños propietarios y colonos de Santa Cruz Xoxocotlán, San Pedro Ixtlahuaca y Santa María Atzompa, en contra del gobierno y el capital trasnacional de Japón, Estados Unidos y Canadá.

Pensándolo bien, me dije, son ellos quienes deberían invitarme a comer, y di un sorbo a mi café, viendo por encima de la tasa a los grandulones con sombrero y lentes oscuros, que fumaban sin dejar de mirarme como si eso los hiciera sentir muy rudos. Vaya que son repulsivos, pensé; parece que los hubiera dibujado El Fisgón.

-¡Compañero Iván! -gritó Pedro Matías, corresponsal de Proceso en Oaxaca.

-¿Cómo estás? -lo saludé.

-Muy bien. Felicidades por la entrevista.

-¿Cuál entrevista?

-No te hagas, no te hagas...

¿A quién habría entrevistado mi homónimo? Si por lo menos supiera dónde apareció esa dichosa entrevista, buscaría en las ediciones más recientes. Quizás había sido en el diario Noticias, que publicó algunas notas mías hace nueve años. Pedro Matías se despedía desde lejos cuando yo todavía me preguntaba si no sería más bien una broma.

Lo que no parecía una broma era la amenaza de muerte a Israel Ochoa Lara. Ulises Ruiz y compañía, según los indicios, habían encargado el trabajo sucio al agente de la policía ministerial del estado y miembro del Grupo Especial Antisecuestros de la Procuraduría local, Joel Pedro Morales García, alias "El Clayuda" o "Don Pedro", así como al madrina Bertoldo Jarquín Mendoza.

-Pero los cálculos de Ulises Ruiz y sus esbirros están mal hechos
-escribía mi homónimo-. De ser consumado el asesinato de Israel Ochoa, su trabajo tendría el reconocimiento mundial que no ha tenido en vida. Los casos de San Juan Lalana y San Blas Atempa serían tan conocidos como el de Loxicha. La indignación popular sería mil veces mayor que la provocada con la muerte de Digna Ochoa. Y aunque sea en México, los autores del crimen no quedarían impunes. De eso nos encargaríamos nosotros, los periodistas y activistas que nadie puede callar. Y de eso pueden estar seguros ellos, que son al EPR lo que Bush a Al Qaeda".

¡Bien dicho!

13.00

Pagué mi café y, antes de levantarme, tomé una foto a los tipos gordos que se dedicaban a verme desde abajo de sus sombreros, detrás de sus lentes oscuros y el humo de sus cigarros. Guardé la cámara digital con tranquilidad y miré mi reloj detenidamente; era la hora de comprar una ensalada grande, unas clayudas, un agua de piña y una nieve.

(Continuará...)

[] Iván Rincón 3:57 AM